Los Cierzos y Las Cabreras

Cierzos y Cabreras

 

La Aldea de Los Cierzos y Las Cabreras se ubica al noreste del término municipal, en una continua sucesión de lomas y cerros, donde predomina la “Loma del Santísimo”. Limita con la Aldea de Fuentes de Cesna, perteneciente al municipio granadino de Algarinejo.
 
El origen del topónimo con el que se conoce esta Aldea parece aludir a los vientos del norte (Cierzos), y al lugar como de difícil acceso para el pastoreo (Cabreras).
 
La ubicación de estas lomas permite disfrutar a lo largo de sus serpenteantes carreteras de unas extraordinarias vistas. La disposición de los cerros, sobre los que se asientan los diseminados de la Aldea de Cierzos y Cabreras, presenta una sucesiva cadena de lo que pudieran denominarse balcones y ventanas, desde las que se contempla el paisaje natural de esta serranía.
 
A un lado podemos observar cómo al pie de las pronunciadas laderas de estas lomas, el  arroyo de “La Saucedilla” y el río Genil, se abrieron paso a lo largo de los siglos, transformando hoy sus cauces en embalse; a la vez que se divisan Aldeas y diseminados al sur del término municipal de Iznájar.
 
Al otro lado, aparece el viejo Hins Ashar (Iznájar), sobre un elevado cerro de arenisca, dominando el arroyo de Priego, y advirtiéndose tras él otras Aldeas y diseminados de la zona norte del municipio.
 
Los primeros vestigios hallados en la zona delatan la presencia ibérica, encontrándose cerámicas con decoración geométrica y trozos de ánforas.
 
Destaca el “Cerro del Hachuelo”, que ocupa un lugar estratégico en la zona, con un recinto fortificado ibérico donde se han encontrado abundancia de restos arqueológicos. 
 
Entre los elementos de la arquitectura popular que aún perduran en la Aldea se encuentran distintas fuentes como la de “La Godoya”, que en otro tiempo eran usadas para llenar botijos, cántaros y vasijas para abastecer el consumo doméstico, y también como abrevaderos. Estas fuentes evocan los modos de vida y la historia sociocultural de Iznájar y sus Aldeas, dejando constancia de la importancia de las actividades agroganaderas y sociales, desde el punto de vista etnográfico, de un pasado no muy lejano.